Era un alma libre, era diferente, creo que nunca lo conocí realmente. Su forma de vivir y de entender la vida era completamente distinta a como la vivían los padres de mis amigas. El tenía su mundo fuera y la familia en casa, sus cuatro mujeres, las que esperaban su llegada los fines de semana.
Era atractivo, alto, delgado, andaba derecho, muy pocos lucían un traje como lo hacía él, siempre olía bien, se afeitaba dos veces diarias y sus ojos brillaban, jugaban y reían en cuanto comenzaba a hablar. No tenía estudios, pero no necesitó mucho para desenvolverse bien entre la gente. Hacía amigos fácilmente, no se preocupaba de donde venían, no le importaba el status, ni lo que el resto del mundo podía opinar de sus amistades o de él mismo. No lo escuché nunca hablar de nadie ( bueno, ahora recuerdo que había una vecina que caminaba con tacones de madrugada y siempre decía que no estaba bien de la cabeza, pero que no le extrañaba pues su marido igual compartía tacones con ella. Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, podía ser muy malo, pero se equivocaba poco y creo que ese comentario, poco acertado, lo podemos justificar si tenemos en cuenta que llevaba años sin poder dormir tranquilo)
En ocasiones pienso que nunca prestó atención a nada ni a nadie. Sobrevolaba por encima de nuestras vidas, aparecía y desaparecía, pero su presencia siempre estaba. Nunca sabré si realmente alguna vez supo cómo llegué a sentirme, qué me preocupaba, o qué necesitaba en mi vida. Nunca conoceré lo que realmente pensaba de mi, de mis hermanas, de mi madre. ¿Qué significábamos en su mundo ? Nunca hablé con él de mis cosas ni él me habló de las suyas...Creo que éramos dos desconocidos que comíamos en la misma mesa.
Un desconocido al que quería, sí, lo quería. Creo que nunca lo supo, nunca se lo dije ni él me lo dijo a mi.
Nos perdimos mucho los dos. No le conté que temía las noches de invierno cuando no estaba en casa; no le dije que para mí era el padre más guapo de todos; no le di las gracias por darme ese jamón y vinillo cuando me veía mala cara;jamás supo que quería ser la mejor de la clase para que se sintiera orgulloso de mi; ni lo abracé cuando quise hacerlo; ni me besó cuando me veía llorar; ni me preguntó si era feliz; ni le pregunté si lo era él... Sí, perdimos mucho por no saber hablar de sentimientos ni de afectos, por permitir ganar a la razón, por sentir que aún quedaba tiempo.
Hoy es tarde para él y para mí, pero aprendí de los errores y no puedo permitir que alguien que me importa pueda desaparecer de mi vida sin mirar a mis ojos y saber quién soy, qué siento, qué pienso, sin llevarse un beso mío, un abrazote de oso o un " te quiero" para recordar siempre.







