No tengo talentos especiales pero, si, reconozco que soy tremendamente curiosa

jueves, 4 de septiembre de 2014

Va por ti, maestro.


Primeros de Septiembre, comienzan los preparativos para el colegio: mochila, material escolar, uniforme...
Un nuevo curso, nueva clase, nuevos compañeros, puede que un nuevo colegio...nuevo maestro...
Parece que fue ayer cuando mi madre me acompañó a mi primer día de clase.  Seis años recién cumplidos, digo "recién" porque  los cumplí en Marzo y, al día siguiente de mi cumpleaños, mi madre perdió un jornal de aceituna para llevarme a la escuela ¡ No tuve que esperar a  comienzo de curso!
Tenía unas ganas enormes de estrenar la cartera de plástico marrón, con un cuadernillo de colorear en un bolsillo transparente y los lápices de colores en el otro (era vistosa, si señor), que me había comprado "Casa Amador", la tienda de la esquina. Un babi de rayitas rosas y blancas, junto con los zapatos "Gorila", completaban mi look de primer día de cole.
Recuerdo los pupitres de madera, en parejas. También la  pizarra, las tizas, la cartilla, el cuaderno de pastas verdes de dos rayas anchas...y recuerdo a mi primera maestra. Realmente esta señora me aportó poco, siempre hacía lana con unas agujas grandes de pasta y se pintaba unos enormes labios rojos, casi tan enormes como ella. Sus parpados eran pesados, apenas los levantaba de su labor y, cuando lo hacía, era para mandar callar... nunca la vi de pie, ni delante de la pizarra. Si lo hizo ,   ese día me lo salté.
Después vinieron más y más años de escuela. Más y más compañeros. Más y más maestros...Algunos, como la primera, solo dejaron anécdotas y vagos recuerdos. Otros, han sido y siguen siendo importantes en mi vida. Yo tuve y tengo grandes maestros:  inteligentes, cariñosos, libres, abiertas, independientes, luchadoras, sinceros, trabajadoras, listos, agudas, participativos...de quienes  he podido aprender mucho y que han colaborado, de una manera clara y reconocida, en formar a la persona que soy hoy.
Pero...tengo mi "ojito derecho", ya sabéis, esa debilidad, ese maestro "especial" que no olvidaré jamás. Ese que aparece como un flash en cada decisión importante, en cada acontecimiento, en cada duda, en cada mala racha (también en las buenas)...en todos los momentos de mis días.
Esa persona que, sin saber por qué razón, ha llegado más, se ha convertido en cómplice, amigo, compañero. Alguien con quien una mirada o un gesto ha sido suficiente para entendernos, que sigue conociendo los pormenores de mi vida, con quien sigo discutiendo y de quien sigo aprendiendo cada día (todavía corrige algunas faltas de ortografía). Un buen maestro al que respeto y admiro, aunque nunca se lo digo, que me ha ayudado a  encontrar un sexto sentido en mi vida y del que espero no tener que desprenderme nunca.
Es un buen momento dadas las fechas y, sobre todo, las circunstancias actuales para hacer un pequeño homenaje a nuestros buenos maestros. Gracias por estar.