No tengo talentos especiales pero, si, reconozco que soy tremendamente curiosa

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Para el nuevo año quiero...

Quiero salud, en la vida de los míos y en la mía.Una vida plena de emociones, amor, felicidad, alegrías, risas, miradas, complicidad, madurez, sinceridad, honestidad, comerme el mundo sin que me coma él, poder contar a alguien como me siento cada día, recibir abrazos, dar abrazos, tranquilidad, serenidad, ilusión, paz, besotes, saludos, nada de despedidas, luz, esperanza...Y UN COCHE NUEVO, LOS CUADROS QUE ME FALTAN PARA LA CASA, QUE MI HIJO APRUEBE EL CARNÉ, UN PISO EN LA PLAYITA, UN GRAN VIAJE , ....VALE!!!!! ME HE PASADO, SE ME FUE LA PINZA!!...TRABAJO DIGNO PARA TODOS Y UNA VARITA MÁGICA PARA NUESTROS POLÍTICOS...QUE TENGAIS UN BUEN AÑO.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Nunca perdamos el Norte


De un tiempo a esta parte, en mis  últimos años, me he cuestionado mi actitud ante la la vida. Cómo he vivido mi juventud y parte de mi madurez: Cuando he hecho lo que realmente me apetecía, si he dicho siempre lo que de verdad sentía o pensaba...Si he callado demasiado( pensando en evitar sufrimiento a las personas que quiero)  a  cuantos viajes he renunciado, cuantas fiestas, cuantos trabajos abandonados,cuantas noches, cuantos sueños....
Quien me conoce, leyendo esto, pensaría " como se lo cuestione dos veces, revuelve Roma con Santiago y trata de recuperar lo perdido"
Pues no!!!!!! Nada de eso!!!!!! Porque, si bien mi edad, en estos momentos, me da cierta potestad para hablar y actuar sin temor a nada. También me da la cordura  y la experiencia  que me ayuda a ser sabia en ocasiones y ver que,  lo que dejé en el camino, es mi curriculum y aprendido queda. Ahora, sólo me resta poner en práctica las lecciones que me enseñó la vida, y alegrarme por sentir que un  aprobado, ganado siendo como soy, me permite mirar atrás y hacia delante con dignidad y orgullo.

Realmente, siempre y en cualquier circunstancia, dije lo que pienso. Permitan que me jacte de ello, tengo la edad!!



martes, 13 de diciembre de 2011

...Y nunca más me gustó la Navidad...

...Mis amigos me visitan a menudo, si tardo, me llaman. Mi familia, no necesita una ocasión especial para convertir, cualquier día, en inolvidable y tomar la copa y la tapita en casa.
Los regalos, lo son cuando no se esperan. Y, los recuerdos, se asoman a lo largo de todo el año, animando a reír o llorar dependiendo de cómo tengamos el día...
Me gusta pasear entre la gente, las luces, los villancicos, los juguetes,los comercios...y poder sentir que no tengo que organizar, comprar, regalar...que no tengo que ser parte activa en este gran montaje en que se ha convertido la Navidad, simplemente  ¡¡¡ No me apetece!!!
Me gusta observar la Navidad y perderme en ella, en estos últimos años, casi comienzo a disfrutarla...

jueves, 1 de diciembre de 2011

Las ilusiones perdidas, Concha Caballero

No se van en trenes con maletas de cartón pero llevan sus bienes más preciados: un portátil, un móvil de última generación regalado por un familiar o conseguido a base de una lucha de puntos sin cuartel. Suelen tomar un vuelo de bajo coste, cazado pacientemente en las redes de Internet. Se van a hacer un máster, o han logrado una mal llamada beca Erasmus que costará a la familia la mitad de sus ahorros. Otras veces van a hacer de au-pair, de auxiliar de conversación, o a cualquier trabajo temporal. La familia va a despedirlos a la puerta de embarque y mientras se alejan disimularán unos su pena y otros su incipiente desamparo. "Es por poco tiempo -se dicen-. Dominarán el idioma, conocerán mundo... Regresarán en pocos meses".


Hasta hace poco era un privilegio de los nuevos tiempos que les permitía gozar de una libertad sin límites, de un mundo sin fronteras, de una capacidad casi infinita de aprendizaje... Hasta que llegó la crisis y la maleta pareció distinta, la espera en la fila de embarque más embarazosa, la despedida más triste y el fantasma de la ausencia definitiva más cercano.
No. No llevan maletas de cartón, ni hay aglomeraciones en el andén de la despedida. No se marchan en grupo, sino uno a uno. Aparentemente nada les obliga. Ha sido una cadena invisible de acontecimientos. Estuvieron allí hace unos años, o tienen una amiga que les ha informado de que puede encontrar algún trabajo con facilidad. No pagarán mucho, eso es seguro, pero podrán ganarse la vida con cierta facilidad... A fin de cuentas aquí no hay nada.
Y se marchan poco a poco, sin alboroto alguno. Un goteo incesante de savia nueva que sale sin ruido de nuestro país, desmintiendo la vieja quimera de que la historia es un caudal continuo de mejoras.
No hay estadísticas oficiales sobre ellos. Nadie sabe cuántos son ni adonde se dirigen. No se agrupan bajo el nombre oficial de emigrantes. Son, más bien, una microhistoria que se cuenta entre amigos y familiares. "Mi hija está en Berlín", "se ha marchado a Montpellier", "se fue a Dubai" son frases que escuchamos sin reparar en el significado exacto que comportan. Escapan a las estadísticas de la emigración porque suelen tener un nivel alto de estudios y no se corresponden con el perfil típico de lo que pensamos que es un emigrante. Quizá en las cuentas oficiales figuren como residentes en el extranjero, pero deberían aparecer como nuevos exiliados producto de la ceguera de nuestro país.
En los tiempos de crisis que detallan cada euro gastado nadie computa los centenares de miles de euros empleados en su formación y regalados a empresarios de más allá de nuestras fronteras con una torpeza sin límites, con una ignorancia sin parangón. Menos aún se cuantifican el esfuerzo de sus familias, las ilusiones perdidas y sus sueños rotos en mil pedazos.
No llevan maletas de cartón, pero componen un nuevo éxodo que azota especialmente a Andalucía, que dispersa a nuestros jóvenes por toda Europa y gran parte del mundo, que nos priva de su saber, de su aportación y de su compañía. Pero, aparentemente nadie se escandaliza por esta fuga de cerebros, lenta pero inexorable, que nos privará de muchos de nuestros mejores talentos. Nadie protesta por esta nueva oleada de exiliados que son una acusación silenciosa del fracaso y de engaño. Se van en silencio por el túnel de embarque en el que les alcanzará la melancolía por la pérdida temprana de su tierra.
No son, como dicen, una generación perdida para ellos mismos. No son los socorridos ni-nis que sirven para culpar a la juventud de su falta de empleo. Son una generación perdida para nuestro país y para nuestro futuro. Un tremendo error que pagaremos muy caro en forma de atraso, de empobrecimiento intelectual y técnico. Aunque todavía no lo sepamos.