No tengo talentos especiales pero, si, reconozco que soy tremendamente curiosa

martes, 15 de noviembre de 2011

¿A quién no le ha ocurrido?

Difícil, entrar en una sala de hospital. Preocupada, ansiosa por conocer el diagnóstico de esos síntomas que tanto te molestan, pasa una hora, dos...Y te das cuenta de que estas rodeada de personas que están sintiendo igual que tú: el gotero, la muestra de orina, el calmante intravenoso, la silla de ruedas,el termómetro, el pijama azul (que tan poco nos favorece)...Y comienzas a hablar con el sentado a tu izquierda, la señora sentada frente a ti que  pregunta si gotea  el suero, el señor mayor que empuja la silla de ruedas de esa "santa" que caminó junto a él sus últimos cincuenta años y que "casi" atropella a la chica con la pierna recién escayolada; la madre que abraza a su bebé con fiebre alta, el padre que le acerca el café, el familiar preocupado que pregunta al celador, ATS, o cualquiera que pase con uniforme; la megafonía, que nunca funciona correctamente  o la encargada de la misma, que suena como recién operada de amigdalas...Horas interminables en una sala de espera y, a la salida, cansada de agujas y esperas...te despides como si de compañeros de viaje o viejos amigos se trataran...

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